25 años de presencia misionera en Camboya

Hace 25 años, cuando aún las cicatrices de una guerra que había llenado de sangre los ríos y los arrozales de Camboya, permanecían intactas, llegamos a este país del sureste asiático. Por primera vez, los Misioneros de Yarumal pisábamos, con respeto y devoción, el continente amarillo, haciendo realidad los sueños de nuestro fundador Mons. Miguel Ángel Builes.

Un poco de historia.

Entre 1970 y 1975 el país enfrentó una sanguinaria guerra civil en el marco de la Guerra de Vietnam. El 18 de marzo de 1970, el general Lon Nol derroca en un golpe de estado al príncipe Norodom Sihanouk, que había abdicado en favor de su padre para convertirse en el Primer Ministro después de la independencia. El nuevo régimen se alinea con los estadounidenses, que bombardean el noreste de Camboya con la intención de arrasar con bases que el Vietcong había instalado allá­, dejando un saldo de 600.000 muertos. Dicho acto desemboca en la propagación de la guerra de Vietnam a Camboya hasta que con el retiro de las tropas estadounidenses las guerrillas comunistas de los Jemeres Rojos, liderados por Saloth Sar conocido entonces como “Hermano número Uno”, toman Phom Phen el 17 de abril de 1975.

Saloth Sar usa el nombre de Pol Pot, con el cual será tristemente recordado por la historia, instaurando así­ lo que denominó “Año Cero”, una dictadura marxista de corte agrario, vaciando las ciudades y creando infrahumanos campos de trabajo. El “Angkar”, una tenebrosa y cuasi-anónima institución instaura el más espantoso régimen de terror de la historia moderna. Bajo su fanática y sádica opresión tuvo lugar el más metódico y frío genocidio del siglo XX.

El nuevo gobierno cambió el nombre de Camboya por Kampuchea y aplicó un sistema socialista, que se generó un gran derramamiento de sangre en el país por los siguientes tres años y medio. Su reino de terror finalizó abruptamente en enero de 1979 con una invasión de Vietnam que aprovechó la situación camboyana para continuar consolidando su influencia polí­tica en el sudeste asiático.

A lo largo de los años 1980, Vietnam mantení­a más de 100.000 soldados en Camboya. El conflicto con fuerzas opositoras, unido a las hambrunas, provocó una alta inestabilidad económica. Miles de personas fueron asesinadas en enfrentamientos. En 1983 el ministro de asuntos exteriores de Camboya, Hun Sen, pasará a ser el primer ministro del país. Medio millón de camboyanos pedirían asilo en Tailandia durante los años 80. Más de 300.000 acudieron a otros países, principalmente Francia.

En octubre de 1991 las partes en lucha, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y países extranjeros con intereses en la zona llegaron a un acuerdo en Parí­s para acabar con el conflicto.

En mayo de 1993 se celebraron elecciones pluripartidistas con la tutela de la ONU. El partido monárquico, conocido por sus siglas en francés FUNCINPEC, ganó los comicios, obteniendo el segundo puesto el partido liderado por Hun Sen. En septiembre de 1993 el gobierno ratificó una nueva constitución, restituyendo la monarquía y estableciendo el Reino de Camboya.

En 1995 en compañí­a de los Misioneros de Quebec, llegamos a Camboya, por primera vez, los Misioneros de Yarumal, nos asomábamos al continente asiático. Hacía pocos años, con el proceso de reconstrucción del paí­s, habí­an regresado los misioneros franceses. Mientras aprendí­amos la lengua y nos empezábamos en conocer la cultura y la historia de este pueblo, caminábamos, por un paí­s plagado de minas antipersona, buscando a los pocos cristianos que habí­an logrado sobrevivir al genocidio, al hambre y a la destrucción causada por tantos años de guerra.

La guerra destruyó los templos, el gobierno confiscó todas las propiedades de la Iglesia, solo el pectoral de uno de los obispos martirizados por el sistema, había logrado sobrevivir escondido en el nido de las gallinas. Evadiendo la vigilancia, los pocos cristianos sobrevivientes se reuní­an alrededor del crucifijo, que logró sostener y alimentar la fe en aquellos años aciagos. Los templos fueron destruidos, pero la Iglesia permaneció firme en el corazón de los cristianos.

Veinte cinco años después, los Misioneros de Yarumal seguimos en Camboya, el país ha progresado significativamente, la Iglesia también. Los misioneros seguimos acompañando las pequeñas comunidades que se esfuerzan por construir una iglesia con rostro camboyano, las nuevas generaciones le han dado a la iglesia un nuevo vigor y una nueva esperanza, empiezan a surgir lí­deres autóctonos, han resurgido las vocaciones y la pequeña comunidad que se reuní­a alrededor del nido de la gallina, ha dado paso a una Iglesia que crece con una vitalidad siempre nueva.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *