Presencia misionera en Bolivia

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Mujeres Bolivianas

Bolivia es en el concierto de las naciones latinoamericanas el corazón del continente. Para el Libertador era la Niña mimada de sus ojos. Para los Misioneros Javerianos es la puerta de la Misión más allá de las fronteras. Una puerta que se ha abierto hace ya cuarenta cinco años. Un Instituto nacido para la Misión Ad Gentes, se había quedado momificado en su propio país durante treinta y ocho años. Obedecía a la teología de aquel tiempo que exigía comenzar por casa y luego, si se podía, ir afuera.

Monseñor Miguel Ángel Builes, Un hombre visionario y profeta, un místico y apóstol, un combatiente de la fe hasta la audacia, había acunado en su corazón un sueño, ya desde los claustros de su seminario, cuando se había encontrado con una monjita de clausura, Teresita de Lisieux, a partir de la lectura de “Historia de una alma”.

Era un sueño planetario, salvar el mundo. Este hombre era de empresas gigantes. Lo pequeño, los detalles eran los ladrillos con los que levantaba sus obras. Y esos ladrillos eran las Aves Marías y un peso que le pedía a cada colombiano cada año.

Y soñaba allá desde el Bajo Cauca, en su parroquia de Remedios. Soñaba en los ardores de un paludismo que lo acompañaba como un gen que caldeaba sus celos, sus arranques de misionero universal. Siendo obispo logra iniciar su “obrita” como Él gustaba llamar a sus fundaciones. Comienza con el Seminario de Misiones de Yarumal.

Era aquel tres de Julio del año 1927. Son ya ochenta y ocho años. Y fue allí al borde del camino en una fonda de arrieros: Contento. El mero nombre era la energía poderosa que  infundiría en todos sus hijos e hijas espirituales. Era marca, sello de un carisma que se confunde con la “alegría del Evangelio”. También era la manera de ser que quería infundir como estilo de vida en sus fundaciones: La “divina” simplicidad, la pobreza del Pesebre, el despojo de la Cruz y los manteles amplios de la Mesa de la Palabra y del Pan multiplicado.

De esos ochenta ocho años de vida del IMEY, cuarenta y cinco le pertenecen a Bolivia. Ella es principio, camino, guía, atalaya, vigía en esta andadura sudorosa, difícil, contagiosa, apasionada de nuestro Instituto. Vendrán luego las Misiones del África y del Asia. “¡Qué tarde te amé, hermosura!” nos gritaría el Fundador al eco de Agustín.

Y en América Latina le sucederán Ecuador, Venezuela, Perú, Panamá, Honduras. Una amalgama de culturas, pueblos, razas, lenguas. Hemos ido aprendiendo lecciones inéditas en nuestro caminar. Hemos sido derrotados en muchos campos, pero hemos aprendido la virtud de la paciencia, del aguante. Hemos tratado de insertarnos en la vida de las comunidades, pero en muchos casos hemos quedado en reforzamiento de lecciones todavía pendientes.

En Bolivia el “pluri” se derrama a torrentes: Plurinacional, pluricultural, plurirreligioso, pluriétnico, plurimestizo. Es el pueblo de la diversidad, de las diferencias. El occidente y el oriente tienen sus abismos políticos, sociales, económicos, culturales, e incluso, religiosos. Los pueblos de la Chiquitanía son diferentes de quechuas y Aimaras. La religiosidad es acentuada con caracteres propios, ancestrales, diferentes según las regiones y según los grupos étnicos.

Hay una fuerza de mestizaje que define mucho algunas regiones. Hay pueblos que ya marcaron sus diferencias con la idiosincrasia boliviana: Chinos, ucranianos, japoneses, brasileños, argentinos.  Pero conviven en armonía, respeto y aceptación de la diversidad. Migración e inmigración son fenómenos que monopolizan capítulos enteros de nuestra historia boliviana.

En los últimos diez años se ha ido generando un proceso político, inédito en el país, que abre horizontes de novedad y genera expectativas, cuestionamientos, inquietudes. Se trata de dar protagonismo a actores sociales hasta ahora postergados: Movimientos sociales, organizaciones de base, campesinado, pueblos indígenas, grupos de mujeres, juventudes inquietas que buscan un puesto de vanguardia en la sociedad boliviana. Es algo que va caminando entre utopías, luchas, fracasos, esperanzas. Se está abriendo brecha.

Nuestra presencia javeriana apuesta por  esta realidad. Hemos pasado por dictaduras, inicio de la democracia y los sueños que ahora se acumulan. La evangelización es un arte que conjuga  luces y sombras, cruces y ensueños, gozos y esperanzas, valores y antivalores, muerte y vida. Comenzamos por el ser humano y su entorno. “El evangelio pasa por el hombre”, decía el santo Juan Pablo II.  Y este pueblo boliviano nos interroga, cuestiona, tolera, acepta, perdona.

Hemos compartido nuestra experiencia de fe con las Iglesias particulares de Potosí, La Paz, Coroico, Cochabamba y Sucre. Son Iglesias constituidas en pobreza acumulada: La económica, la religiosa, la vocacional, la laical, la formativa, la ministerial. Se han dado pasos, pero se sufren las inclemencias. Hay planes pastorales que comienzan a dar frutos de participación y comunión.

La visita del Papa Francisco, de seguro que marcará un hito en la evangelización del pueblo boliviano. Los gritos de Francisco: “Salir”, “ir al excluido, al descartado, al pobre”, “compartir”, “cuidar la Madre Tierra”, “vivir la espiritualidad ecológica”, optar por una “economía de participación”, “respetar la cultura”, “vivir en sencillez, en humildad, en testimonio”, “establecer puentes”, “dar protagonismo al laicado”, “fortalecer la familia”, “atención preferencial a la niñez, la juventud y tercera edad”, todo esto y más, mucho más que este Papa ha ido desgranando con su palabra, ejemplo y valentía, definirán la nueva pastoral en nuestras Iglesias particulares…

Estos cuarenta y cinco años arrancan de nuestros corazones una palabra musicalizada en pentagrama de todas las claves, de cuarenta y cinco notas: Gracias. Bolivia sigue siendo una escuela de  Misión. Un desafío a todo el IMEY… con estas letras rindo homenaje a todos los javerianos que han compartido su vida, su corazón con este pueblo y, en vanguardia de generosidad, marcaron huella en nuestra historia javeriana.

Jesús E. Osorno G. mxy
Misionero en Bolivia

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